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El poeta es siempre un visionario: Fernando Arrabal, entre Stalin, Wittgenstein y el Siglo de Oro

2014-12-13 13.28.08“Leo a veces y me indigno. Un escritor español internacional dice: “puedo asegurarle que no hay nada tan sucio como Madrid, tan repelente, como se puede hacer una ciudad tan horrorosa”. Eso lo dice un gran escritor. Estamos viviendo una época en la que todos los escritores están maniatados. Esos son los diablos y yo no creo en los diablos como Kurt Gödel, pero su demostración me encanta porque cree en los diablos, cree en los ángeles y cree en Dios. Y al tiempo es el mayor matemático de la historia de la humanidad, creando el teorema de la in-com-ple-ti-tud. Y el día que alguien lea la in-com-ple-ti-tud, su vida va a cambiar”, afirmó Fernando Arrabal con su peculiar y dramatizada dicción al presentar su libro “El impromptu tórrido del Kremlin” (Ed. Antígona), un diálogo dramático y original entre el dirigente comunista Stalin y su entonces admirado filósofo Wittgenstein.

Quizás se esté refiriendo a José Angel Mañas, que fue finalista del Nadal y que veranea en Toulouse, por sus “Historias del Kronen”. O quizás a los clásicos. “También un escritor griego como es Platón parece que va a escribir que es una mierda Madrid. Se dice que Madrid es una ciudad llena de baches y es una maravilla que haya baches, yo voy a ellos a bailar en los baches. ¿Quieren hacer lo mismo que en Nueva York? No, Madrid es diferente. Platón nunca miente, no puede mentir ni sabe mentir. Y como es escritor, como sus amigos de la ágora, no dice mierda sino lo siguiente: “¡qué vergüenza, qué horror!, estamos viviendo una Atenas de muerte, tenemos los mejores teatros de piedra del mundo”. Y era cierto. “Tenemos los mejores dramaturgos del mundo”. Y es cierto: Sófocles, Esquilo…. “Y qué vergüenza, la gente en vez de ir a los teatros, va a los juegos olímpicos…”. Y no solamente eso, años después va a ir el propio Nerón a ganarse una medalla. Se lamentan también los poetas. Y entonces, un sacerdote egipcio que oye esto, les replica: “ustedes los atenienses son como niños”.

Obras.completas-KG-FL“¿Es que no somos como niños cuando no queremos ver a nuestros ángeles y nuestros fantasmas?”, se pregunta Arrabal. Y responde: “Einstein iba a Princeton a ver a Kurt Gödel, su verdadero maestro, en un lugar magnífico pagado por millonarios. Y muy seriamente, porque no hay nada más serio y más humorístico, le pregunta: ¿ha podido venir usted por el bosque?. Y Einstein responde: “es un bosque maravilloso”. A lo que Kurt Gödel repregunta: “¿Y no ha tenido usted miedo de los fantasmas?” Y es que hay fantasmas ¿por qué no? y vemos fantasmas constantemente. Pero, desgraciadamente, yo no creo en ellos”.

1112047205_850215_0000000000_sumario_normalFernando Arrabal me anunció además que el escritor francés Michel Houellebecq publicará nueva novela para el mes de enero, y proclamó al dramaturgo y sacerdote español, Tirso de Molina, como el creador del primer mito de Occidente junto al Fausto de Goethe: “Hasta ese momento, los mitos eran solo orientales pero Tirso crea el mito de Don Juan con “El Burlador de Sevilla”, que usa un moderno código binario para presentar lo que Mozart musicaría después: que se había acostado con 1003 españolas. Y todos sabemos que no es cierto: ¿es que las mujeres son tontas?. Pero un mito es eso: una mentira que dice la verdad y que revela el sueño de todo hombre, sea sacerdote o laico: que todas las mujeres del mundo, las más bellas, le chupen la polla”.

slide_2Pero si Mozart en su “Don Giovanni”, con un libreto del madrileño Antonio de Zamora, imaginaba la fornicación del apuesto galán con otras 640 mujeres en Italia, 231 en Alemania, 100 en Francia, 91 en Turquía, Arrabal cita a su amigo el poeta y escritor francés Michel Houellebecq para proclamar que fuera de la felación “solo hay tecnología”. De ahí que los gobernantes pasados, presentes y futuros, laicos o religiosos, civiles o militares, vean la castidad, o la castración física o química, por enfermedad o voluntaria, como un estado de emancipación que les desvía de toda corrupción por irresistibles pasiones de sexo. Y de ahí el mito de Don Juan y la vindicación de Tirso de Molina, un moderno entre una generación del Siglo de Oro. De entre ellos destacó al manco de Lepanto (“Un esclavo llamado Cervantes” es uno de sus mejores libros, donde lo desmiente y recuerda que solo tenía “una mano estropeada) o Quevedo, al que llama “cegarruto” por no ver el “siglo de oro” de Góngora, Lope o el propio Tirso y sí en cambio el deterioro del régimen de poder que le tocó vivir. Un tiempo donde lo vulgar está arriba y lo singular abajo: “El sabio aborrecido, escuchado y premiado el lisonjero, vencedor el dinero, José vendido por el propio hermano, lástima y burla del estado humano”, a decir de Lope de Vega en su lúcida silva final, pocos días antes de contraer la enfermedad que le llevaría a la muerte.

Lope+de+Vega+La+vida+es+corta“Ni en Chipre se vendía, amor artificial. ¡Oh Siglo de Oro! De nuestra humana vida, desengaño, si vieras tanto engaño, tan poca fe, tan bárbara decoro”, se quejaba también Lope y así concluye:

Pero felicidad tan soberana
poco duró por la soberbia humana,
porque en países de diversos nombres,
por cuanto el mar abraza,
en esta universal del mundo plaza
el número creciendo de los hombres,

desvanecido el suelo
presumió desquiciar la puerta al cielo,
y habiendo ya ciudades
y fábricas de inmensos edificios,
con armas en los altos frontispicios,

comenzaron con bárbaras crueldades,
intereses, envidias, injusticias,
los adulterios, logros y codicias,
los robos, homicidios y desgracias,
y no contentos ya de aristocracias,

emprendieron llegar a monarquías.
La púrpura engendró las tiranías,
nació la guerra en brazos de la muerte,
los campos dividieron fuerza o suerte,
dispuso la traición el blanco acero

para verter su propia sangre humana,
y fue la envidia el agresor primero,
y procedió la ingratitud villana
del mismo bien a tantos vicios madre,
infame hija de tan noble padre.

gongoraBañó la ley la pluma
en pura sangre para tanta suma,
que excede su papel todas las ciencias.
Tales son las humanas diferencias.
Pero por ser los párrafos primeros

y ser los hombres como libres, fieros,
no siendo obedecidas,
quitaron las haciendas y las vidas
a sus propios hermanos y vecinos
y hicieron las venganzas desatinos,

porque, dormidos los jueces sabios,
castiga el ofendido sus agravios.
Robaban las doncellas generosas
para amigas, a título de esposas,
traidores a su amigo,

y todo se quedaba sin castigo,
que muchos que temieron
por no perder las varas, las torcieron,
y muchos que tomaron,
pensando enderezallas las quebraron.

250px-Quevedo_(copia_de_Velázquez)

¡Oh favor de lo reyes!
Del sol reciben rayos las estrellas;
telas de araña llaman a las leyes,
el pequeño animal se queda en ellas
y el fuerte las quebranta.

¡Ay del señor que a sus vasallos deja
al cielo remitir la justa queja!
Viendo pues la divina Verdad santa
la tierra en tal estado,
el rico idolatrado,

el pobre miserable,
a quien ni aun el morir es favorable,
mientras más voces da, menos oído;
el sabio aborrecido,
escuchado y premiado el lisonjero,

vencedor el dinero,
José vendido por el propio hermano,
lástima y burla del estado humano,
y entre la confusión de tanto estruendo
Demócrito riendo,

Heráclito llorando,
la muerte no temida
y para el sueño de tan breve vida
el hombre edificando,
ignorando la ley de la partida,
con presuroso vuelo
subióse en hombros de sí misma al cielo.

20489884Un Lope de Vega que, en su postrero ingenio, reconoce la suprema hidalguía de aquel hijo del lencero portugués, manchado y procedente de los Montes de León, lindantes con Monterrey (Portugal), con quien tantos roces había tenido, por sus dos Quijotes, su izquierda estropeada, su discreta vida civil y su escasamente laureada trayectoria militar:

Lisboa por el griego edificada
ya de ser fénix inmortal presuma,
pues debe más a tu divina pluma,
docto Gabriel, que a su famosa espada.

Voraz el tiempo con la diestra airada
no hay imperio mortal que no consuma:
pero la vida de tu heroica suma
es alma ilustremente reservada.

¡Mas ay! que cuando más enriqueciste
la Patria, que su artífice te llama,
por la segunda vida que le diste,

Ciprés funesto tu laurel enrama,
si bien ganaste en lo que más perdiste,
pues cuando mueres tú, nace tu fama.

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