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Tristán, Isolda y Wagner con Bill Viola en el Real: ver música y escuchar imágenes

DownloadedFile-2“Un día tendremos un arte optofonético, que nos permitirá ver música y escuchar imágenes simultáneamente. Esto será la verdadera revolución en el arte”, vaticinó el pensador, fotógrafo y pintor húngaro Moholy Nagy (1895-1946), otro sabio enterrado por las miserias humanas de la Historia, como Nikola Tesla. La representación del “Tristán e Isolda” de Richard Wagner en el Teatro Real de Madrid, a la que asistí el pasado 23 de enero de 2014, ha suscitado la misma conmoción y alborozo que ya tuvo lugar hace 9 años en París. Poco ha cambiado la sucursalidad desde los tiempos de Goya. Pero no trata esta crónica de los avatares históricos del evento. Como primer –y hasta ahora único y clandestino– biógrafo del videoartista norteamericano, Bill Viola, autor de la escenografía, no se espera de mí una crítica musical sino visual. Y es que además creo que el acierto de haber contado con el videoartista para esta ópera se debe a que es uno de los pocos que se  toma tan en serio la audición como la visión. En los museos muchos se olvidan de oír los cuadros y Bill Viola nos obliga a escuchar sus vídeos de la misma manera que nos invita a mirar. 

Solo he asistido al Real en dos ocasiones. La primera con “El viaje a Simorgh” de José María Sánchez Verdú, con escenografía de Frederic Amat, sobre “Las virtudes del pájaro solitario” de Juan Goytisolo. La segunda con “Faust-bal”, música de Leonardo Balada y libreto de Fernando Arrabal, llevado a la escena por Joan Font y sus Comediants, con escenografía de Joan Guillén y Xevi Dorca. Una feliz casualidad ha provocado que haya tenido el honor y el placer de trabajar con Juan Goytisolo y Fernando Arrabal en libros que para mí han sido vitales: “España y sus Ejidos” y “¡Houellebecq!”. Creo que han sido dos de mis mejores maestros contemporáneos en el noble e improductivo arte de la literatura.

images-1Carezco pues de conocimientos musicales como para evaluar si fue un acierto o no que Andreas Schager sustituyera ese día en la función a Robert Dean Smith en el papel de Tristán. O que Peter Sellars y Bill Viola alterasen visualmente el libreto de Wagner para sugerir que los dos amantes yacieron por primera vez mucho antes de beber la pócima afrodisíaca, lo que cuestiona esa falaz creencia falsamente religiosa que han derrumbado los tiempos y que asegura que primero es el amor y luego el sexo, cuando lo normal es que se produzca a la inversa. Pero mi crítica no será sinfónica, moral o textual sino visual, pues suelo hablar –a veces demasiado– de lo poco que sé y no de lo mucho que no sé.

imagesEmpecemos por los principios, que aquí suelen dejarse para el final. Frente a la contraria creencia común, en realidad no existen más que dos o tres enamorados por época y la lista de transgresores es exigua: ya el amor en sí es una transgresión porque hoy, como ayer, no puede declararse. Romeo y Julieta, Anna Karenina y el conde Wronsky, Barbey d´Aurevilly y María, Diderot y Sophie Volland, Goethe y Ulrike, Ramón Gómez de la Serna y María Alvarez de Burgos, Fando y Lis… y poco más. El primero en moldearlo fue William Shakespeare, al que sigue este Tristán e Isolda wagneriano, tachado en su época de “kitsch”, como le ocurrió también a Bill Viola tras su primer éxito con su serie “Las Pasiones” –a la tardía edad de 56 años– y que como Pablo Picasso –él detesta la comparación– no logra crear escuela por inalcanzable.

Agua, tierra, fuego, cielo y aire son los “motivos” que emplea Bill Viola en esta escenografía. Su originalidad radica en que se presentan en tiempos extraños y parecidos al Siglo de Oro, donde lo vulgar está arriba y lo singular abajo. “El sabio aborrecido, escuchado y premiado el lisonjero, vencedor el dinero, José vendido por el propio hermano, lástima y burla del estado humano”, a decir de Lope de Vega en su lúcida silva final, lo mejor que escribió según el poeta Rafael Alberti.

Mathilde Wesendonck. F.HassHoy los “temas” artísticos de toda la anterior tradición cultural son novedosos. Las vanguardias que lograron la democratización del arte han hecho estragos dictando la genialidad por decreto –casi siempre político– e igualando a ras de suelo. Así que, extraviado, voy a salirme del camino y grosso modo, empleando la misma perspectiva cosmológica del intelectual persa Seyyed Hossein Nasr que utilicé para mi libro “Viola on Video” –a quien el videoartista menciona también en el artículo que recoge el programa de mano de la ópera–, la escenografía elegida transiciona desde el agua a la tierra y el fuego, para concluir en el aire y el cielo. La composición y armonía de los elementos fue muy bella, música e imágenes funcionaban como un compás.

TristanIsolda-3290El primer acto de “Tristán e Isolda” comienza con unos vídeos acuáticos, que el libreto no aclara si son exclusivos o no pero que en cualquier caso sí me parecieron inéditos. El barco en el que navegan los dos enamorados me recordó al de “Hatsu Yumé” (primer sueño), con el color impresionista de sus luces rojas y azules en el horizonte o reflejadas en el agua. Rastros de aquella piscina de “The Reflecting Pool” que hoy el videoartista ha recreado, con más medios y mejor calidad, en en el centro Martin Luther King de Long Beach.

DownloadedFileCuando era joven, Bill Viola indagó en las insólitas propiedades acústicas de una piscina vacía, que llevó a obras como “Moving Stillness”, y curioseó por las piscinas del California Institute for the Arts (Valencia). lo que le sirvió para crear “The World of Appearances”. Ya es archiconocido que Bill Viola casi se ahoga en una balsa cuando era niño –como le ocurrió al poeta Juan de Yepes, al que homenajea en su célebre video instalación “Habitación para San Juan de la Cruz”– pero lo es menos que sigue buscando en el agua reminiscencias de aquella experiencia extática. Meatball Fulton, pseudónimo de Thomas López, uno de los fundadores y presidente de la ZBS Foundation, lo vio una vez sumergido y se quedó perplejo, lo que explicaba con cierta gracia: “Nosotros iniciamos un programa de artistas residentes y los artistas vivieron aquí (se refiere a Fort Edward) durante una semana. Bill Viola pasó varios días buceando con un tubo en nuestro estanque. Usaba hidrófonos (micrófonos submarinos), Bill grababa los sonidos debajo de la superficie en varios momentos del día y de la noche. Debo decir que nunca entendimos qué hacía con todos esos ruidos locos, chirridos, chasquidos y sonidos acuáticos, pero tenías que pensártelo dos veces antes de bañarte en cueros allí”.

DownloadedFileEl agua como esencia de la vida y espejo o reflejo de la imagen. Ya desde Van Eyck, Brunelleschi, Velázquez o Vermeer los verdaderos artistas no buscan otra cosa y Bill Viola simplemente recuerda esta flaca memoria. En “Tristán e Isolda” utiliza los recursos que explorara en “He weeps for you” (Él llora por ti) en torno a una gota de agua. Esa purificación o bautismo, que en España una buena parte experimentó ya de pie y no recién nacidos en torno a una pila, huérfanos de creencias de las que tanto se presume y tan poco se practican. El sacrificio y la muerte simbólica que transforma y renace al nuevo ser humano y la pócima de Wagner como inmersión en el océano infinito de un mundo inmaterial invisible, en palabras del artista.

DownloadedFile-3En el acto segundo, el hilo conductor son sus obras sobre tierra y fuego, utilizando este como luz y liberación purificadora, que aquí se ha adoptado más en su faceta agresora que luminosa. Remordimientos o evocaciones del pasado dignas de un psicoanálisis, y en España el mejor fue el de Américo Castro. El videoartista comienza por el mismo o parecido bosque que atraviesan los hombres en “The Path” (La Senda), uno de los cinco frescos de “Going forth by day” (El camino inexorable hacia la luz), aquel homenaje a la “Historia de Nastasio degli Onesti” de Sandro Boticelli, trasunto de uno de los cuentos de Bocaccio en “El Decamerón” del que el Museo del Prado posee cuatro secuencias.

tristan-e-isolda_570x400_scaled_croppLuego se entremezcla el fuego: desde el que emana débilmente en la taza con la vela de “H. H. Dalai Lama: A Blessing” (Su Santidad, Dalai Lama: una bendición) hasta el que ha dado lugar a obras como “The Stopping Mind” (Bloqueo mental), “The World of Appearances” (El Mundo de las Apariencias), “Stations” (Estaciones), “Eternal return” (Eterno retorno) o “Fire Birth” (Nacimiento del fuego). Las mismas llamas que ya lograran uno de los momentos más emotivos de la actuación de “Nine Inch Nails” (Clavos de Nueve Pulgadas), la legendaria banda de rock a la que Bill Viola también ilustró con sus vídeos para la gira que dio luz a su disco “And All That Could Have Been” (Y todo lo que pudo haber sido). El efecto en “Tristán e Isolda” ha sido similar y memorable, alargando aún más en el inconsciente esa célebre e histórica exposición que fue “Las Pasiones“. Y subrayar la novedad de esas imágenes obtenidas en lo que parece la curiosidad de un submarinista acuático.

TristanIsolda-3290-2Los granulados y distorsiones caloríficas de la luz en el último acto también me resultaron familiares. Están presentes en “Unspoken” y en el más famoso “Chott el-Djerid”. Esos granos de sal y pimienta danzando en baja resolución y blanco y negro son un recuerdo a lo que fue la vanguardia tecnológica de otro tiempo. Parece también perceptible a mi juicio la huella de Sandro Boticelli cuando el actor John Hay –que es trapecista y acróbata como la actriz Sarah Steben– levita y sube a los cielos, adaptación del quinto “fresco” de “Going forth by day”, concretamente el titulado “First Light” (Primera Luz). Los miembros de un equipo de rescate que duermen alrededor de un lago evocan el sueño de los durmientes que aparecen en “La Oración del Huerto”, el cuadro del italiano que también perteneció a la colección de la reina Isabel de Castilla y que ésta igualmente depositó en la Capilla Real de Granada. Los vídeos sobre nubes y firmamentos, para mí desconocidos, resultaron asombrosos y singulares y con ellos el videoartista, en efecto, tocó el cielo.

DownloadedFile-5La interpretación de los actores y actrices de los vídeos –no proceden del cine sino del teatro o la performance– resulta emocionante. Pero como hasta el mejor maestro echa un borrón, solo anotar que la mirada de Lisa Rhoden como Isolda enamorada no ha podido ser fielmente representada. Es imposible. Exigiría que la actriz lo estuviese realmente, pues los ojos de una mujer enamorada, que podemos contemplar en la calle, el autobús o el metro y nunca en tu propia amante, donde solo se refleja el amado, son algo único e irrepresentable. Y su ficción resulta, para cualquier espíritu sensible, algo edulcorado, una interpretación sin alma ni pasión alguna, a no ser que los actores estén realmente enamorados, cosa que en algunos filmes llega a ocurrir. Aquí el vídeo naufraga, con una mezcla de impostura, melancolía y compasión más propia de esas parejas que viven encadenadas a sus recuerdos y que solo encandilan ya por su ternura. No descarto tampoco que lo que quisiera representar Bill Viola fuese la frustración de ese amor imposible de Tristán e Isolda, metáfora de una madurez como deplorable e indignante sucesión de claudicaciones, que diría el filósofo José Luis Brea. Se parece más al de la artista Marina Abramovich en su “performance” del MOMA de Nueva York que el público ya titula espontáneamente como “El reencuentro” con Ulay, que fue su pareja, y que no pretendía tanto.

DownloadedFile-4A algunos habrá sorprendido que el “Tristán” de los vídeos se parezca a un joven Bill Viola, con su perilla y todo. A mí no tanto. El autorretrato emocional en este artista es una característica muy acentuada de su primera etapa hasta que encontró —y sobre todo pudo pagar— al actor Philip Esposito, de gran parecido físico, para sustituirle en obras como “The Crossing“. Ahora lo hace Jeff Mills, que realiza su trabajo de forma magistral. En buena lid podría pensarse entonces que Lisa Rhoden hace de Kira Perov, pero inquieta conocer como en los vídeos va variando el color de su cabello, primero moreno y luego rubio, aunque es cierto que cuando era profesora en la Universidad de La Trobe (Melbourne, Australia) ella tenía el pelo negro. Yo no pude evitar recordar a Bill Viola en el cobertizo de aquel pajar de Chocorua (New Hampshire), viendo a hurtadillas con su amiga Linda Fischer, como si ambos fueran “dos lechuzas” inmóviles en sus altas vigas, interpretar con su piano al no menos legendario músico David Tudor, clandestina pareja de John Cage: “Era una sensación invisible, dinámica, palpable y estaba físicamente presente, sentías como subía y bajaba como las olas en un mar de emociones. Miré a Linda y su mirada también me decía que ambos estábamos siendo testigos de lo mismo. Lloramos”. No olvidemos que “Tristán e Isolda” fue en realidad un trasunto inspirado en la aventura de Richard Wagner con Mathilde Wesendonck y de ahí mis malos pensamientos y deseos impuros.

olga-PicassoDe la misma forma que los Ballets Rusos de Serge Diaghilev renovaron la escenografía del siglo XIX basada en el realismo, naturalismo y romanticismo de la época pretérita, el videoartista norteamericano Bill Viola ha operado sobre este “Tristán e Isolda” de Wagner un acontecimiento artístico que se recordará tanto como aquellos primeros decorados de Pablo Picasso –espoleado por su pareja, la bailarina Olga Koklova– en “Parade” (1917) –con música de Erik Satie, coreografía de Leónide Massine y texto de Jean Cocteau– o “Le tricorne” (1919) –música de Manuel de Falla, y coreografía de Massine y libreto de María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra sobre la obra “El sombrero de tres picos” de Pedro Antonio de Alarcón–. Luego ya vendrían “Pulcinella” (1920), “Cuadro Flamenco” (1921), “Preludio a la siesta de un fauno” (1922), “Le train bleu” (1922) o “Mercure” (1924) o incluso el telón para una obra nunca representada sobre temática cultural catalana y cuyo autor era Eugenio D´Ors. Ya antes que Picasso habían pintado en los escenarios José María Sert, Juan Gris, Joan Miró o Pedro Pruna pero sea o no Bill Viola el pionero del videoarte –la controversia con Nam June Paik o Wolf Vostell le acompañará hasta el fin de los tiempos– ya se sabe que los primeros que derriban una puerta no son los primeros que pasan por ella. En este caso, el videoartista norteamericano ha introducido el vídeo en la ópera y tengo para mí que se trata de un acontecimiento tan novedoso e histórico que va a marcar un cambio de época en la escenografía no sólo de este género sino de las artes escénicas en su circulante y circular totalidad.

Crónica visual del “Tristán e Isolda” de Wagner en el Teatro Real a cargo de Federico Utrera para Radio Exterior de España

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